Lo que Pastor Rice Small Grants Fund/NTFP-Asia, FunBEA y FASOL revelan sobre cómo elevar narrativas comunitarias con cuidado y autenticidad.
El storytelling ha sido utilizado desde hace mucho tiempo en la comunicación para transmitir significado, emoción y complejidad de maneras que los datos por sí solos no pueden. Pero cuando las historias se cuentan desde el territorio, modeladas por la proximidad, la confianza y las voces de quienes viven las realidades que narran, su poder se profundiza. Se convierten en instrumentos de legitimidad, caminos de conexión y herramientas para redefinir quién lidera los procesos de cambio.
Durante un reciente intercambio interno entre los fondos miembros de la Alianza, el storytelling emergió no como una técnica, sino como un enfoque capaz de transformar relaciones, visibilidad y rendición de cuentas.
Tres fondos miembros – Pastor Rice Small Grants Fund/NTFP-Asia (Sudeste Asiático), FunBEA (Fundo Brasileiro de Educação Ambiental – Brasil) y Fondo Acción Solidaria, A.C. (FASOL – México) – compartieron cómo documentan y comunican historias. Lo que surgió fue un conjunto de prácticas arraigadas que muestran cómo los fondos locales están replanteando la forma en que las historias se crean, se comparten y se comprenden dentro de la filantropía.
Storytelling como autorrepresentación y construcción de movimiento
Para el Pastor Rice Small Grants Fund, el storytelling es un medio fundamental que permite que las comunidades apoyadas documenten y compartan sus propias experiencias en sus propios idiomas, desde sus propias perspectivas y sin mediación externa.
Cuando las comunidades cuentan sus propias historias, el storytelling deja de ser comunicación y se convierte en un puente: conecta a las comunidades entre sí, con audiencias más amplias y con donantes y actores de la sociedad civil. Humaniza la complejidad, diversifica quién puede hablar y, con frecuencia, inspira acción colectiva.
Más allá de la financiación, explicó Lyra Puno, Programme Officer, el fondo acompaña a sus organizaciones aliadas en el desarrollo de habilidades de comunicación y de incidencia: fotografía, producción de video, escritura narrativa y storytelling visual. Con estas herramientas, la rendición de cuentas deja de ser un trámite técnico para convertirse en un proceso de aprendizaje, reflexión e influencia.
Como ejemplos, Lyra mencionó:
- jóvenes que se convirtieron en narradores digitales y formadores locales a través de la iniciativa MAMACILA Higaunon Youth;
- jóvenes que documentaron historias de conservación en sus idiomas y territorios (Forest of Her Childhood); y
- defensoras ambientales que utilizaron recursos flexibles para producir películas que capturan cambios liderados desde sus comunidades (Dare to Trust).
“El storytelling permite que las comunidades cuenten sus propias historias, en vez de que otros hablen por ellas. Les ayuda a mostrar el rostro de su trabajo y promover sus iniciativas en sus propios términos”, destaca Lyra.
Así, el storytelling se convierte en una práctica política de autorrepresentación, memoria colectiva y construcción de movimiento, arraigada en las realidades de quienes impulsan el cambio desde el territorio.
Comunicación enraizada en el territorio
El equipo de FunBEA compartió cómo el storytelling se volvió central en su estrategia de comunicación a partir de un cambio profundo de enfoque: pasar de mensajes institucionales a una mirada situada en el territorio. Para el fondo, cada historia comienza escuchando —las agendas locales, los desafíos, los movimientos comunitarios. Ese proceso de escucha determina no solo qué comunicar, sino cómo hacerlo.
Como explicó Grace Luzzi, Coordinadora de Comunicación, FunBEA produce documentales, reportajes investigativos, programas infantiles, series para redes sociales y proyectos de educomunicación que forman a jóvenes y liderazgos locales para narrar sus propias historias. El video tiene un papel particularmente poderoso: amplía el alcance a través de alianzas con medios y festivales, permitiendo que las narrativas comunitarias viajen más lejos que la comunicación institucional por sí sola.
En las historias escritas, señaló Fernanda Biasioli, periodista de FunBEA, los protagonistas siempre son las comunidades y los territorios. FunBEA aparece solo para contextualizar, nunca para ocupar el centro. Compartió el ejemplo de Humberto, un líder caiçara que restaura manglares en São Paulo: “El apoyo no es la historia; la historia es el trabajo de la comunidad.”
Para garantizar una circulación estratégica de los relatos, Suélen Silva, Analista de Comunicación, describió cómo el fondo aplica enfoques crossmedia y transmedia: transformar una misma narrativa en videos, artículos, making ofs, reels o trailers, cada uno adaptado a una audiencia distinta. También destacó el rol de los “influenciadores orgánicos”: liderazgos locales y portadores de conocimiento que amplifican los mensajes con autenticidad y legitimidad social.
Storytelling que moviliza a las personas
El enfoque de FASOL parte de una verdad esencial: las personas recuerdan cómo las hace sentir una historia mucho antes de recordar cualquier dato. Por eso, la comunicación debe comenzar no con números, sino con personas, territorios y experiencias vividas. Las comunidades no son “beneficiarias” ni personajes secundarios: son las protagonistas de las transformaciones socioambientales. El fondo queda como contexto, nunca como centro narrativo.
Alejandro Mejía Sarabia, responsable de comunicación, ilustró este cambio con “Encuentro en Territorio”, un cortometraje co-producido con la Panta Rhea Foundation, que demuestra cómo el lenguaje audiovisual puede traducir realidades complejas en narrativas humanas y emocionales. Las historias conectan a través de la emoción, abriendo la puerta a una comprensión más profunda y al involucramiento.
Este enfoque transformó el trabajo interno: los tradicionales informes anuales llenos de datos técnicos dieron paso a formatos narrativos basados en testimonios y relatos personales. Los datos ahora complementan la historia, no la lideran.
FASOL también respondió a un contexto más peligroso para líderes territoriales. En situaciones de riesgo, narrativas centradas exclusivamente en la denuncia pueden aumentar la exposición. El storytelling anclado en la resiliencia, la acción colectiva y la esperanza ofrece un camino más seguro y generativo. Desde esta mirada, el storytelling se convierte en una herramienta para elevar conciencia, fortalecer alianzas y visibilizar la profunda relación entre comunidades y territorios.
Historias que desplazan poder
En los tres fondos presentados, el storytelling aparece como una práctica enraizada en la proximidad: escuchar profundamente, honrar la experiencia vivida y asegurar que las comunidades hablen por sí mismas.
Estas aproximaciones hacen más que comunicar: contribuyen a redistribuir poder narrativo, fortalecer la memoria colectiva y tender puentes entre territorios, movimientos y el campo filantrópico.
En manos de fondos locales, el storytelling deja de ser solo una forma de rendir cuentas y se convierte en una manera de redefinir cómo se entiende el cambio, quién es reconocido como liderazgo y qué voces orientan el futuro.