Reflexiones de Juliana Tinoco, Coordinadora Ejecutiva de Alianza, tras su participación en el 13.º Foro Urbano Mundial (WUF13).
Asistí al 13.º Foro Urbano Mundial (WUF13), celebrado en Bakú, por invitación del International Institute for Environment and Development (IIED), donde participé en conversaciones tan necesarias sobre el futuro de nuestras ciudades.
El Foro marcó el lanzamiento del World Cities Report 2026 de ONU-Hábitat, que presenta una cifra alarmante: cerca de 3 mil millones de personas en el mundo no tienen acceso a una vivienda adecuada. Al mismo tiempo, se prevé que la crisis climática tenga un impacto aún más devastador: 167 millones de hogares podrían ser destruidos por desastres relacionados con el clima para 2040. Como siempre, las poblaciones más vulnerables serán quienes soporten la carga más pesada.
Frente a lo que la propia ONU describe como una “emergencia”, un gran mito continúa paralizando los debates sobre el financiamiento de la justicia socioambiental en contextos urbanos: la idea de que quienes viven en asentamientos informales, los pequeños productores de vivienda y las comunidades de base son actores de “alto riesgo” o “no financiables”.
Una cosa quedó clara a lo largo del WUF:
Seguimos tratando la vivienda como un activo financiero de corto plazo, permitiendo que el capital especulativo determine el desarrollo urbano, en lugar de reconocerla como una infraestructura social y ambiental esencial para nuestras ciudades.
La respuesta exige abandonar la noción de la vivienda como una mercancía financiera impulsada por la rentabilidad inmediata. Necesitamos una arquitectura financiera redistributiva, solidaria y comprometida con la función social y ambiental de los territorios.
Y esos caminos ya existen.
Finanzas comunitarias y solidarias: las ciudades ya están innovando
El informe Financing Housing Justice, publicado por el Hub for Housing Justice en colaboración con el IIED y diversas redes de la sociedad civil, presenta alternativas reales y escalables basadas en las finanzas lideradas por las comunidades.
Entre los ejemplos destacados se encuentran modelos de financiamiento comunitario como fondos rotatorios impulsados por capital catalítico para apoyar cooperativas de vivienda; mecanismos de ahorro comunitario que facilitan el acceso a microcréditos a través de grupos solidarios; y modelos de tenencia que desmercantilizan la propiedad al vincular los costos de la vivienda con los niveles de ingreso locales.
Lo que ya está funcionando: ejemplos liderados por las comunidades
En Europa Central y Sudoriental, la red cooperativa MOBA Housing SCE creó una aceleradora basada en un fondo rotatorio cooperativo para la adquisición de propiedades. A través de capital catalítico, han logrado garantizar viviendas permanentemente asequibles fuera de la lógica especulativa del mercado, manteniendo la propiedad colectiva de la tierra y protegiéndola de las presiones del mercado.
En Zimbabue, el Gungano Urban Poor Fund demuestra el poder de las economías solidarias. Mediante grupos de ahorro organizados por habitantes de asentamientos informales, comunidades históricamente excluidas del sistema bancario pueden acceder a crédito y mejorar sus condiciones de vivienda de forma gradual y resiliente.
En Brasil, el modelo Favela Community Land Trust, implementado por Catalytic Communities, separa la propiedad de la tierra de la propiedad de las viviendas, protegiendo los territorios populares frente a la especulación inmobiliaria y fortaleciendo la seguridad de la tenencia.
El punto de inflexión: quién decide hacia dónde va el dinero
Lo que conecta el éxito de estas experiencias es la estructura de poder: cuando las comunidades controlan los recursos y la toma de decisiones, los resultados son más sostenibles, más justos y más resilientes.
Es aquí donde debe cambiar la conversación sobre financiamiento.
El trabajo de los fondos de justicia socioambiental que integran la Alianza Socioambiental Fondos del Sur refuerza este mensaje. Nuestros fondos demuestran en la práctica que transferir poder de decisión y recursos directamente a las organizaciones de base no es un riesgo: es una oportunidad.
Nuestros fondos operan bajo una lógica profundamente distinta a la de la arquitectura financiera tradicional:
- gobernanza participativa con liderazgo territorial;
- financiamiento flexible y de largo plazo (core funding);
- microsubvenciones adaptadas a las realidades locales;
- acompañamiento técnico continuo y simplificación administrativa;
- mecanismos de respuesta rápida frente a crisis climáticas y desplazamientos.
Se trata de un cambio de paradigma: del control a la confianza; de los proyectos a los territorios; de los ciclos cortos a la permanencia.
Lo que me deja WUF13
No habrá una transición urbana justa sin una redistribución real del poder y de los recursos.
Las ciudades del futuro ya se están construyendo hoy. Muchas de ellas no se encuentran en los grandes planes maestros urbanos, sino en manos de comunidades que, desde hace décadas, vienen creando soluciones allí donde los sistemas no han logrado llegar.
Quizás el mayor desafío que tenemos por delante no sea innovar más, sino aprender a confiar más.